martes, 2 de marzo de 2010

Cuento para niños que necesitan leer los adultos también

Este cuento fue escrito para leer en una clase de un niño con enfermedad celíaca, para enseñarles a los otros chicos que no deben burlarse, reírse o hacer diferencia con un niño celíaco, por eso se los recomiendo, gracias a Storch, Carmen que me autorizo a copiarlo...


EL MAGO ALÉRGICO
(por Pedro Pablo Sacristán)


Había una vez un mago simpático y alegre al que encantaba hacer felices a todos con su magia.
Era también un mago un poco especial, porque tenía alergia a un montón de alimentos, y tenía que tener muchísimo cuidado con lo que se llevaba a la boca.


Constantemente le invitaban a fiestas y celebraciones, y él aceptaba encantado, porque siempre tenía nuevos trucos y juegos que probar.
Al principio, todos eran considerados con las alergias del mago, y ponían especial cuidado en preparar cosas que pudieran comer todos.


Pero según fue pasando el tiempo se fueron cansando de tener que preparar siempre comidas especiales, y empezaron a no tener en cuenta al buen mago a la hora de preparar las comidas y las tartas.
Entonces, después de haber disfrutado de su magia, le dejaban apartado sin poder seguir la fiesta. A veces ni siquiera le avisaban de lo que tenía la comida, y en más de una ocasión se le puso la lengua negra, la cara roja como un diablo y el cuerpo lleno de picores.


Enfadado con tan poca consideración como mostraban, torció las puntas de su varita y lanzó un hechizo enfurruñado que castigó a cada uno con una alergia especial.
Unos comenzaron a ser alérgicos a los pájaros o las ranas, otros a la fruta o los asados, otros al agua de lluvia.. y así, cada uno tenía que tener mil cuidados con todo lo que hacía.
Y cuando varias personas se reunían a comer o celebrar alguna fiesta, siempre acababan visitando al médico para curar las alergias de alguno de ellos.


Era tan fastidioso acabar todas las fiestas de aquella manera, que poco a poco todos fueron poniendo cuidado en aprender qué era lo que producía alergia a cada uno, y preparaban todo cuidadosamente para que quienes se reunieran en cada ocasión pudieran pasar un buen rato a salvo.


Las visitas al médico fueron bajando, y en menos de un año, la vida en aquel pueblo volvió a la total normalidad, llena de fiestas y celebraciones, siempre animadas por el divertido mago, que ahora sí podía seguirlas de principio a fin.
Nadie hubiera dicho que en aquel pueblo todos y cada uno eran fuertemente alérgicos a algo.


Algún tiempo después, el mago enderezó las puntas de su varita y deshizo el hechizo, pero nadie llegó a darse cuenta.
Habían aprendido a ser tan considerados que sus vidas eran perfectamente normales, y podían disfrutar de la compañía de todos con sólo adaptarse un poco y poner algo de cuidado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno!!! Cuanto cambiaría todo solamente con mirar un poquito a los costados!!! Cariños desde Málaga, Raquel.

abuela de Iona dijo...

Un beso corazon, me ha encantado.

Maldito Gluten dijo...

RaqueL, Sonia: cuando lo leí me pareció muy interesante y muy didáctico, no solo para los niños, que cometen un grave error al discriminar pero la mayoría de las veces son el reflejo de lo que ven en los adultos. Gracias a Carmen que lo compartió con todos nosotros. Besos a las dos.

Noe dijo...

me encantó lo puedo subir a mi blog?